Este blog pretende dar cabida a los recuerdos, los preparativos y las anécdotas de las distintas ediciones que la ruta Albacete-Cortes ya ha generado y para todos los que están por generarse todavía. También servirá para volver a acercarse a las buenas sensaciones que tuvimos pedaleando aquellas rutas.
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jueves, 9 de abril de 2009
MAS PREPARATIVOS DIGNOS DE MENCION
LIBRO PRIMERO
CAPITULO X
Donde se cuenta de cómo la rodilla del caballero don Luis Viciente, puso en gran peligro la X peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Cortes.
Cuentan las lenguas del lugar que no por lenguas tienen que ser malas, ni buenas en las más de las ocasiones, que don Luis Viciente enterado de la tan noble empresa, no dudo un instante en ordenar se hiciesen los preparativos necesarios para su partida. Que como caballero no era otra su gesta y como alma su necesidad, y se despidió de sus huéspedes, que aquel su castillo siempre estaba lleno de ellos.
Y aquellos, más los muchos que los menos, viendo su buena determinación no quisieron importunarle en lo mas mínimo.
A lomos de Orbea, que la montura de caballero no puede pasar sin nombre, y con mayor motivo si dicho alazán, que no jumento, viene al mundo en las vascongadas, aunque eso si a fe cierta desbocada ya que no ha bocado que la frene cuando de desbocarse dice, con agua en las alforjas que esta no está bien que falte, y un mendrugo de pan tierno, que duro ya se pondrá por los caminos, y quien sabe si no ha de hacer falta al no encontrar posada con posadera a lo largo de la raya, pues como bien dice su Angel “de la guarda” de ella no ha de salir si lo que quiere es llegar a buen puerto, y digo puerto refiriéndome a destino o final de viaje, que no donde se amarran los barcos que traen las telas de las indias, aunque ello también pudiera ser en otra ocasión aunque no en esta.
Pues en estas condiciones y con el alma henchida por la emoción, que la emoción colma el alma en ocasiones y siempre cuando la ocasión es noble, salió don Luis Viciente de su retiro.
En mirando alrededor sus ojos despiden aquella su comarca del Bajo Ampurdán, su linde al norte con Gualta y Torroella de Montgrí, al sur con Palau-Sator y al oeste con Ullastret. Y sin detener su pensar un instante, para regocijarse en la pena de dejar lo conocido y adentrarse en lo de aun por conocer, que un caballero no puede permitirse esas simplezas, pone rumbo a las tierras manchegas, aquellas que el ingenioso hidalgo ya escudriñara como si de tesoro se tratara y que a fe mia vive dios que lo era, pues pensaba que hacia falta con su tardanza.
Yendo pues don Luis Viciente absorto en sus sensaciones del cuerpo, a lo cual eran muy dados sus pensamientos, diose cuenta de una molestia en su rodilla. Gran contratiempo sin duda por lo que aconteció a consecuencia de ello, y como puso en peligro la participación de tan noble señor en tan noble causa.
De los escritos consultados a tal fin no puede precisarse que rodilla fuera motivo de su molestia ya que nunca se supo a ciencia cierta, pues unos contaron que si la derecha y otros tan cargados de razón como los unos que si la izquierda, aunque hubo quien sugirió con mala fe seguramente, que de estos no hay pocos sino muchos, que todo era miedo y que el mal solo moraba en su cabeza y era imaginado, y así lo airearon a los cuatro vientos. Desta manera, aclarado a medias el lugar donde nacía el pesar del caballero, se resolvió la duda, que sin quedar del todo resuelta no dio mas habladurías al respecto, aunque si queremos ser fieles a la verdad que no a la mentira, dio muchas.
Y es que el tema de las rodillas no puede ni debe tratarse con ligereza pues es muy serio y de seriedad el comentarlo.
Viene ahora a mi frágil memoria pues de todo ello ya ha llovido, la rodilla puesta sobre una piedra, de la honestísima y hermosa doncella que desnuda pintara Tiziano como alegoría a la fe católica, que arrimada a un árbol que se levanta majestuoso, se ve triste y afligida porque a sus espaldas a poca distancia, se ven muchas serpientes que la persiguen como para dañarla.
Ni que decir tienen con todo el respeto para no caer en sacrilegio, las rodillas de Bernardita con las que se arrastrara a los pies de Nuestra Señora de Lourdes.
O la rodilla apoyada en la tierra de aquella doncella, que arrojaba agua de un cántaro al río, en los calendarios ilustrados de la Francia del siglo XII y que representaba al mes de enero.
Y que me dice vuesa merced de las rodillas de las madres, que como dijo Jeremías en sus lamentaciones “sobre ellas seréis mimados”
Ahora que puestos a hablar de rodillas, rodilla sin parangón la de don Eustaquio que no era de carne sino de apellido quedando en llamarle don Eustaquio Rodilla de León.
La “rodilla de Clara” aunque en esta época suene a imaginaciones mías por ser muy posterior en el tiempo ya que su estreno no será cierto hasta ochenta lustros más tarde.
Como igual la rodilla de Prosineski, de la que toda alma decía que si tenía cuento.
La rodilla de París Hilton con tacones o sin ellos.
O rodillas de leyenda como aquella del diablo en uruapan, en la que por la intercesión de fray Juan de San Miguel volvio a brotar el agua del rio cupatitzio.
Y si bien es cierto que a lo largo de la historia ha habido, y con documento a quedado, gran numero de rodillas sobresalientes, que no por su tamaño como por su transcendencia, para sobresaliente de sobresalir sobre todo aquello de lo que algo sobresalga me quedo con la rodilla de don Luis Viciente que quizás por tenerla a mano la tenga en mayor estima. Aun a riesgo de ser torturado por ella, no tanto por su imprevisibilidad como por su gran entendimiento para mostrarse en los momentos más inoportunos.
Por acabar el capítulo y no abusar de la paciencia de vs ms, que no es otra mi intención que la de entretener, diré que el viaje de don Luis Viciente al lugar de la partida no le fue dado de regalo, pues en más de las veces dio por desanimarse y al punto estuvo de desistir en el empeño. Salvó la situación, la valentía deste caballero sin par, y el frecuente trato con los compañeros de andanza, que le explicaban los males a los que sería expuesto para burla y escarnio de multitudes, y los posibles remedios.
Ahora queda el recuerdo de aquello lo andado, por lo que damos gracias a la rodilla de don Luis Viciente, y la quietud del espíritu por terminar lo empezado.
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Alucinante, Don Oscar de Cervantes Saavedra, me quito el sombrero y me bajo de la bici, ante descomunal montaña literaria.
ResponderEliminar¡Impresionante!, este es nuestro macho alfa en todo su esplendor, gracias por el espectacular panegírico. Como dijo el poeta leonés “es bueno que hablen de uno y si es bien, doblemente bueno”. Sospecho que la idea si bien salió de la pluma del reputado psicólogo, fue gestada sobre una nocturna y abundante mesa de viandas en la que no faltó la castellana sin hielo. Muchas gracias pero, no quisiera que mi personaje ensombreciera la importancia de la gesta o al resto de los integrantes de la expedición pues, de todos y de cada uno se podrían escribir infinidad de páginas que excederían la capacidad de nuestro –si nos lo permite Jesús- blog y unos cientos más. Gracias de nuevo y un saludo
ResponderEliminarAgradezco sobremanera vuestros comentarios,fruto del cariño que me profesais sin duda; pues no hay relato que mejor parezca que el que se lee con ojos de amigo.
ResponderEliminarNo obstante os digo que no tiene que haber miedo en cuestión de ensombrecer, que para todos habrá cuando llegue su momento, que no es de buena justicia que los unos parezcan distintos a los otros.